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9月8日

Atravesando las bambalinas

Una calle. Una sombra se desliza por el suelo rápidamente desde uno de los extremos. Un hombre que de nada conocemos, rocambolesca figura, un brillo mate en la mirada, con un pálido color en las mejillas encendidas.
 
Tan sólo un sonido nos llega en la noche. El sonido de la brisa. El sonido de un silbido sordo.
 
Grandes bolas de algodón penden del techo del cielo, ostentando una claridad color carbón que amenzaba a nuestro reciente compañero con aliviar su húmeda carga sobre él.
 
Lleva toda su vida deslizándose por la vida, lentamente como pincel sobre papel, como agua sobre vidrio, empapándose de la existencia misma, tornando la esencia más sencilla de la rutina en algo único e irrepetible. Algo que tan sólo alguna estrella conseguía.
 
Busca algo, insomne cruzado, a lo que aferrarse de nuevo, por las calles de una Lima a la que viajó para olvidar algo que ni siquiera él sabía. Ni melancólico ni triste, tan sólo huyendo de algo que llevaba dentro, algo de lo que jamás se podría liberar.
 
Se acaban los adoquines, se acaban las construcciones y las formas humanas, pero el paso no se detiene, Lima no le ha dado nada, todo sigue siendo lo mismo, pero de forma distinta. Eso no hace que las cosas dejen de ser como no deberían de ser.
 
Es un poeta. Quizá artista. Quizá nada.
 
No busca una metáfora que ilumine otra estúpida poesía, esta harto de inspirarse en el paisaje, harto del propio paisaje y la propia literatura.
 
Rompe el monótono silbido sordo un trueno, precedido de un rayo que ilumina oscuramente y unos breves instantes su apesumbrado rostro, la barba mal afeitada de tres días, los ojos añorando nuevos retos, la frente ancha y la barbilla estrecha.
 
Las suelas de sus botas remueven charcos de barro, su abrigo se humedece lentamente, pero el paso no se detiene.
 
Acaso busca nuevos amaneceres, otro largo viaje que le devuelva algo que no ha perdido, una mirada conocida en un mar de bruma... Acaso un lugar donde no haya pasado nadie, bambalinas de la existencia, donde se forjan los sueños y los atardeceres, quizá una imágen que le arrebate la vida, sin duda un par de buenas respuestas para una infinidad de preguntas...
 
De nuevo se recortan grietas de luz en el cielo, acompañadas de un sonido estremecedor.
 
Lleva un rato deslizándose por el mundo cuando alcanza una bahía, y lentamente se sienta sobre la arena húmeda que siempre lo acoje de buen grado.
 
Ya no recorre senderos de gloria, al fin y al cabo nunca había perseguido eso, ahora recorre caminos dejados de la mano de dios en los que siempre llueve, en los que siempre está oscuro. Una vida consagrada por y para el arte, en la que el único hogar que existe son las palabras. Algo demasiado bonito para ser cierto.
 
La arena cruje tras de él y siente un abrazo cálido por todo su cuerpo. No se gira para ver a quien ya esperaba. Una figura oscura y espigada se recuesta a su lado.
 
-No hemos llegado demasiado lejos... Cruzar el charco para esto...
 
Otra iluminación fugaz desde el cielo nos descubren las facciones de nuestro nuevo compañero, de marcadas facciones, barba de tres días, pelo largo y algo claro con un deje de añoranza en la mirada.
 
-Siempre habrá valido la pena.
 
-Una vida consagrada para el arte...
 
- ... por y para el arte...
 
- ...pero al fin y al cabo el artista...
 
- ...siempre ha de sufrir...
 
Se miraron y sonrieron.
 
Nunca habían esperado nada, sin hogar, sin tradiciones que seguir, sin banderas a las que servir, sin fronteras en las que creer, en un mundo de penumbra en el que se forjan los sueños y los atardeceres. Algo demasiado bonito para ser cierto.
 
Nunca olvidan que viajar no cambia nada, nunca olvidan las cosas que dejaron atrás pero que les siguieron por dentro en un viaje al olvido que nadie va a realizar.
 
Se calló el silbido sordo, se descolgaron las bolas de algodón del techo del cielo, un barco zarpó del puerto de la bahía y por fin salió el Sol, descubriendo que sobre la arena de la pequeña playa sólo quedaban dos huecos, parecía que no hubiera habido allí nadie, tan sólo la ilusión de unos pobres locos.
 
Se acabó el sueño de un viaje que nadie va a realizar, es demasiado importante lo que se deja, algo que nunca se va a olvidar.